PUNTERO FANTASMA

Cuando los colombianos eran malos para la pelota

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El Sudamericano de 1945, disputado en Santiago, significó el tardío estreno internacional del fútbol colombiano. El viaje de los cafetaleros fue una verdadera odisea de 28 días (!). Llegaron, según Estadio, casi muertos; de inmediato, el público chileno se enamoró de estos “morenitos”, como se los llamaba con harta condescendencia (por no decir racismo).

Eduardo de Castro, jefe de la delegación colombiana, resumía este viaje que hoy parece de otro planeta: “El barco había partido dos días antes de Buenaventura. ¿Qué hacer? Bueno, alquilar un bus o una góndola, como llaman aquí; nos largamos por las sierras y los caminos del trópico con la esperanza de encontrar un vapor en Guayaquil. No había: en algún puerto peruano debía haber alguno. Y vuelta otra vez a padecer por esos caminos de Dios. Seguimos en camiones de carga, carretas, viejas camionetas, sentados en nuestras propias maletas con las piernas agarrotadas. Lo importante era acercarnos cada vez más a Chile. Resultaba desconsolador llegar a un caserío y no encontrar un hotel, una posada, una cama modesta para descansar un par de horas, para darse un baño reconfortante. En territorio peruano, desde Ibarra a Iquitos, el vehículo que nos llevaba sufrió una panne irremediable y ahí quedamos botados a todo sol. Esto ya era el colmo. ¿Regresamos? No, nunca. Había un solo pensamiento: seguir. ¿Cómo? A pie. Cada uno tomó sus maletas al hombro y llegamos después de caminar siete kilómetros. ¡Se dan cuenta! Fue para película nuestro viaje. Debió haber fotógrafos que nos enfocaran cuando por el camino marchaba la hilera de futbolistas colombianos, sudorosos, patilludos, entierrados”.

De Castro se ponía el parche ante de la herida: anticipaba que durante el torneo su selección recibiría un saco de goles: “Somos debutantes, somos los menores y tendremos que pagar el noviciado”. Y así nomás fue: de entradita perdieron 3 a 0 contra Brasil, 7 a 0 con Uruguay y 9 a 1 con Argentina.

El fútbol colombiano entonces era netamente amateur y sumamente rústico. De hecho, no había una liga formal y la selección que vino a Chile era poco menos que un rejuntado de aventureros. Así describía Luis Carlos González, centrodelantero de ese equipo, al balompié de su país: “El profesionalismo no se conoce; no existen jugadores rentados, lo que naturalmente influye para que no tengamos jugadores extranjeros. Para las justas internacionales, un seleccionador recorre los diferentes departamentos; hecha la elección, los escogidos viajan a Barranquilla, donde los concentran. Allá tenemos un estadio bastante bonito y cómodo; por cierto que no se compara con el de ustedes. Su capacidad sólo alcanza a quince mil personas. La cancha de fútbol es de césped. Allá no se juega de noche. Las competencias internacionales son escasas; aunque ya se les está dando bastante auge”.

Al cabo, el 31 de enero Colombia disputaría el primer partido de su historia contra Chile. Fue un pálido 2 a 0 a favor de La Roja (que vistió de blanco), con goles de Medina y Piñeiro. El partido fue descrito como una verdadera farra del local.

Al cabo, en las últimas fechas igual la Selección Colombia se dio el gustito de sumar sus primeros puntos oficiales, tras vencer a Ecuador y empatar con Bolivia (ambas escuadras, igualmente amateurs). De a poco se fraguaba el fenómeno que se conoció como “El Dorado colombiano”.

Dejemos que cierre Estadio: “Terminaron su actuación en el Campeonato Sudamericano las bizarras representaciones futbolísticas del Ecuador, Colombia y Bolivia. Llegaron hasta nosotros llenas de optimismo, no con miras a conseguir un triunfo o conquistar laureles. Vinieron guiadas sólo por la luminosa estrella de la bandera de Chile, símbolo atrayente de la armonía y concordia sudamericanas. Bregaron con empuje y entusiasmo frente a adversarios de jerarquía indudablemente superior. Se vieron superados en la cancha, pero salieron vencedores en las tribunas”. Por cierto, “bizarro” según la RAE significa “valiente”.

Fotos: revista Estadio.

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