La comunión de la Fuerza

17 Dic, 2015
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“Star Wars” nos trajo a casa, como los clásicos del rock.

Por Héctor Muñoz Tapia

Lo que hemos vivido esta semana nos ha permitido volver a ser cabros chicos, a ser esos que vimos por primera vez La Guerra de las Galaxias en televisión abierta, de estreno un domingo, gastando el VHS con el que la grabamos, volviéndola a grabar en el cable y luego viendo las ediciones especiales en el cine, antes del período de las precuelas que fueron envejeciendo mal, a diferencia de la trilogía original.

Lo de Star Wars es cercano, es nuestro. Nos ha dado pertenencia. Nos define y nos rodea, como la Fuerza. Por eso, la expectación por el estreno de la séptima entrega de la saga, y manejando el antecedente de que ahora es Disney quien tiene las riendas tras comprársela a George Lucas, solo nos hacía desear una sola cosa: que nos hiciera sentir en casa, como ese ya lejano segundo teaser que nos mostraba a Han Solo y Chewbacca nuevamente en el Halcón Milenario.

Hay puntos de encuentro para todos nosotros, y es esa emoción cuando vemos el “a long time ago in a Galaxy far far away…” seguido del STAR WARS grande y amarillo, con el tema principal de fondo. La misma que podemos sentir en el segundo en que arranca un show de Paul McCartney, o la que podamos tener cuando Keith Richards largue el primer acorde en el show de los Rolling Stones, o cuando David Gilmour toque la primera nota de su Stratocaster negra este domingo.

A pesar de llevarnos a un universo propio, “El Despertar de la Fuerza” nos remite a un espacio real. No encontramos nada plástico ni virtual en ella. Hay madera. Hay calor de desierto. Es tan real como las cuerdas de una guitarra de palo cuando queremos sacar nuestra canción favorita. Nos provoca la misma felicidad que cuando ponemos la aguja en un vinilo, o cuando nos topamos con una de nuestras canciones favoritas en la radio.

Es una experiencia única que está ahí, al alcance de la mano, a pesar de que el signo de los tiempos digan lo contrario. La sobredosis de información y la rapidez de la misma nos obliga a correr una maratón contra el tiempo y el desconectarnos no parecería mala opción. Pero no. Esa magia se mantiene intacta. Y solo nos queda volver a vivirla, como lo estamos haciendo con “El Despertar de la Fuerza”, una forma de volver al hogar.

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